Cada meta alcanzada obliga a Paola Longoria a plantearse una nueva



Paola Longoria teme al aburrimiento. Al cansancio de una larga rutina de triunfos fraguados con demasiado sacrificio. Una meta tras otra cumplida como si fueran peldaños en una escalera monótona. Pero cuando el tedio amenaza, entonces voltea y ve todo lo que ha conseguido en su carrera como raquetbolista. Impuso un récord de tres años y ocho meses invicta en la gira profesional, con 152 victorias ininterrumpidas; tras perder esa racha, estableció como meta mantenerse de número uno de la clasificación mundial, donde nadie la ha movido en una década; diez años de campeona indiscutible. Cada objetivo alcanzado, la obliga a plantearse uno nuevo y apuntó entonces a convertirse en la máxima ganadora de medallas de oro panamericano en México y en Lima 2019 llegó a nueve preseas y piensa que puede alcanzar el siguiente ciclo. Después, se concentró en lograr los 100 títulos como profesional. Paola ahora debe reinventar su próxima misión, porque asegura que aún quedan territorios por conquistar.


El retiro aún no está en su horizonte


“Aún quedan metas por conseguir, por el momento no veo en el horizonte el retiro”, dice una apresurada Paola, pues tras conseguir las 100 coronas en su carrera hace una gira promocional.


“Estoy muy contenta por los cien cetros, la verdad es que cuando miro a la juvenil que soñaba con una medalla de Olimpiada Nacional, me sorprende cuando hago el recuento de lo que he logrado en más de una década de carrera”, agrega.


Después de los Juegos Panamericanos de Lima 2019, Paola estaba a dos victoria de alcanzar el centenario triunfal. Consiguió la victoria 99, pero cuando estaba todo listo para celebrar la 100, perdió en Virginia. La derrota llegó para agregar dramatismo al reto que buscaba, pero al mismo tiempo para devolverle humanidad, recordar que Paola la que siempre ganaba, ahora también puede perder y seguir adelante con sus propósitos, apenas con un ligero raspón.


Olvidé que soy humana”


“Cuando me acostumbré sólo a ganar olvidé que soy humana”, confiesa la de San Luis Potosí; “pero perder me recordó que no soy una máquina, las derrotas me dejaron aprendizajes; para empezar, cuando perdí por primera vez en años ya no sabía cómo afrontarlo y tuve que enseñarme que eso sirve para renovar. Me cansó y a veces me duele el cuerpo, también me aburro, pero entonces sale de mí un instinto por ganar siempre”.


La cifra cien llegó en el Abierto de Estados Unidos, pero no estuvo ausente de drama. Un día antes, Paola perdió en el duelo de dobles, algo que no le había ocurrido, ante dos juveniles mexicanas que se empiezan a abrir paso con firmeza, Monserrat Mejía y Alexandra Herrera. Parecía un preámbulo necesario para darle mayor suspenso. Pero un día después, el 6 de octubre, Longoria no dilató más para lograr lo que todos esperaban, alcanzar 100 títulos de profesional.


“No ha sido fácil aprender”, cuenta Longoria; “hay que saber manejar la presión cuando todos están esperando a que gane. Al principio fue duro, pero también hay que aprender a manejar la frustración, las derrotas, sólo así uno renace y se plantea nuevos objetivos”.

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